En estos días se discuten temas importantes en diversas legislaturas de la República.
En el caso del Estado de Veracruz, el Congreso local aprobó reformar la Constitución local del Estado para considerar que la vida comienza desde el momento de la concepción. Este cambio traerá como consecuencia las modificaciones correspondientes al código penal para sancionar implacablemente ese delito. Más información aquí. Con el estado de Veracruz, suman ya 17 entidades que adoptan un enfoque antiabortista y cancelan la posibilidad de que las mujeres puedan decidir libremente sobre el número y espaciamiento de sus hijos, tal como lo consigna el artículo 4o de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Mientras tanto, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal se discute la propuesta del diputado Israel Betanzos, de extracción priísta, de incluir la “eutanasia activa” en la Ley de Voluntad Anticipada, para legalizar “el derecho que tiene cualquier persona a decidir sobre su vida” (léase). Sin embargo, ha habido una gran oposición a dicha propuesta. Incluso el Secretario de Salud capitalino, Armando Ahued, se apresuró a rechazar la eutanasia activa, argumentando –muy pobremente, hay que decirlo– que esa propuesta “traería problemas éticos para los médicos”. Aquí la nota.
Muchos juristas, médicos y especialistas coinciden en que es incongruente aceptar la eutanasia en su forma pasiva y rechazarla en su forma activa, tal como lo sostuvo James Rachels hace más de 30 años en su ya clásico “Active and Passive Euthanasia”.
Pero bueno, por ahora lo único cierto es que la sociedad mexicana cada vez cierra más a la posibilidad de vivir en un marco de libertades fundamentales. Y cada vez va ganando más terreno aquella engañosa posición del “no a la muerte, sí a la vida”.
